El consumo moderado de alcohol durante largos periodos parece ser una medida cardioprotectora, entendiéndose consumo moderado como la ingesta de dos tragos en los hombres y un trago para la mujer por día. Se considera un trago estándar si tiene 15 gramos de etanol (alcohol). Si comparamos un hombre que tome dos copas de vino por día con una persona abstemia (que no toma), el primero puede presentar una reducción de entre un 20 a 45% en el riesgo de presentar una enfermedad coronaria (infarto al miocardio, angina o muerte súbita).
Este beneficio no depende del tipo de bebida ni del patrón del consumo, no es un efecto exclusivo del vino tinto, ya que el alcohol ‘per-se’ confiere un efecto favorable, criterio sustentado por múltiples estudios de investigación.
Se argumenta que el efecto protector asociado con la ingesta de cantidades moderadas de alcohol sobre el corazón se relaciona con los cambios que este origina sobre la grasa de la circulación, aumentando el colesterol bueno (HDLc) apróximadamente en un 30%, así como también influye en otros factores de riesgo relacionados con el desarrollo de la arterosclerosis o endurecimiento de las arterias.
Los expertos definen el consumo de alcohol excesivo como la ingesta de más de 21 tragos o copa por semana en el hombre y 14 en la mujer. El consumo excesivo de alcohol, definido como más de 5 bebidas al día, puede jugar un papel importante en el desarrollo de hipertensión arterial, aterosclerosis, angina, isquemia miocárdica, enfermedad cerebro vascular, derrame cerebral y cefalea vascular, además de propensión a arritmias cardíacas y muerte súbita, insuficiencia cardíaca (corazón cansado), apoplejía cerebral, enfermedad de las arterias periféricas, y además se relaciona con otras enfermedades como: lesiones de los nervios periféricos, el hígado, el estómago y el páncreas en consumidores crónicos.
El consumo excesivo de alcohol también está relacionado con la presencia de la grasa visceral o abdominal, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. En Estados Unidos ocupa el segundo lugar como causa de muerte en relación con el comportamiento humano y sólo es sobrepasado por la obesidad y la vida sedentaria. En relación al tipo de bebidas consumidas, se señala que el vino tinto parece ofrecer una protección por encima de los atribuidos al alcohol.
El vino tinto contiene uva, levadura y componentes fenólicos derivados de la madera, reconocidos como antioxidantes potentes. El daño del alcohol es evidente si el consumo excede de 90-100 g/día, ya que aumenta el riesgo de muerte súbita (repentina) y arritmias cardíacas. Es importante señalar que al inicio de la cardiopatía alcohólica el enfermo por lo general no presenta síntomas. En un gran número de casos el primer indicio de enfermedad es la presencia de una arritmia del tipo de la fibrilación auricular (trastornos del ritmo cardíaco), también conocida como el “síndrome de las fiestas cardiacas” porque sucede en los fines de semana o días feriados y se presenta después de un episodio de embriaguez en un alcohólico crónico.
Via listindiario.com
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