Andamos por los prolegómenos de un nuevo año y como siempre nuestros pensamientos vuelan hacia los buenos y grandes propósitos. Que si aprenderé por fin inglés, que si me pondré a dieta tras las navidades, que si buscaré un nuevo empleo, que si viajaré a lugares recónditos, que si haré ejercicio de forma regular, que si dejaré de fumar, que si me cuidaré con el alcohol…. Buenos propósitos que sin duda es estupendo hacer, pero hay alguno que si además se cumple mejor que mejor, nuestro cuerpo y nuestra salud lo agradecerán, tal es el caso de la combinación de seguir una dieta adecuada, hacer ejercicio, dejar de fumar y abandonar el consumo de alcohol (salvo el clásico vaso de vino tinto durante las comidas o una cervecita bien tirada al día).
Sobre dieta y la importancia de abandonar ciertos hábitos nada saludables como es el del tabaco o el alcohol ya hemos hablado bastante en Knowi, por ello en estas breves líneas queremos insistir en cómo plantearnos una buena rutina de ejercicio a lo largo de este año.
Medir nuestras capacidades reales y a la vez valorar qué tipo de ejercicio o deporte estamos dispuestos a realizar. Unir gusto con capacidad y adecuar la una con el otro es la base del éxito, teniendo en cuenta que este se mide por la constancia a la hora de su práctica.
Realizar una evaluación física por parte de un experto o especialista que determine nuestra situación cardiorespiratoria, metabólica y osteomuscular, fundamentalmente.
Prepararnos previamente realizando ejercicios adecuados que nos eviten lesiones y molestias innecesarias. Una tanda de estiramiento antes y después del ejercicio o del deporte que vayamos a practicar es fundamental.
Adecuar el material, es decir utilizar la equipación necesaria para cada tipo de rutina deportiva, prestando especial atención a los elementos que nos doten de seguridad y eviten traumatismos y luxaciones a toda vista frecuentes (uso de caso si montamos en bici o practicamos esquí, espinilleras si jugamos al fútbol, protectores de codos y rodillas si hacemos patinaje, etc…).
Comenzar el ejercicio o el deporte de una forma progresiva, es decir, no lanzarnos el primer día a ganar los cien metros lisos como Usain Bolt o tratar de hacer una maratón. Esta es la mejor forma de provocarnos lesiones y abandonar nuestro propósito puesto que las consecuencias pueden ser malas, ya que no solo hemos de pensar en el componente osteo-muscular, sino en nuestra capacidad cardiorespiratoria (es importante tener en cuenta que los fenómenos de isquemia miocárdica y arritmias cardiacas en ocasiones se producen en personas que sobredimensionan sus posibilidades a la hora de hacer ejercicio).
Es bueno ponerse metas a corto plazo, metas que sean alcanzables y asumibles, de tal forma que ejerzan un efecto motivador positivo y no todo lo contrario, que nos frustre su no cumplimiento.
Realizar una alimentación e hidratación adecuadas es fundamental para mejorar nuestra condición física y por supuesto nuestro aspecto, ya que contribuirá a quitarnos esos kilos de más conseguidos en las “maratones culinarias” de la Navidad.
En caso de sentir molestias de cualquier tipo acudir al especialista y al experto para que las valore y trate adecuadamente.
Como consejo final, habremos alcanzado nuestro propósito si conseguimos integrar la práctica deportiva y el ejercicio en nuestra vida. Para ello no es necesario hacer grandes proezas, puede ser simplemente acostumbrarnos a caminar todos los días al menos media hora o dar un paseo en bici, estas dos actividades, sobretodo la primera, está al alcance de todos nosotros.
Cuanto antes empecemos a cumplir nuestro buen propósito mejor que mejor, nuestro organismo nos lo agradecerá y veremos como psicológicamente también nos encontramos mucho mejor, en plenitud. ¡¡Ánimo y que la fuerza te acompañe!!
Via knowi.es
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