La alimentación debe de cambiar de acuerdo a las estaciones del año promocionando el consumo de los alimentos de temporada como alimentación saludable y sostenible con el medio ambiente.
Cada año por estas fechas surge la cuestión de la “dieta del verano”. La época estival coincide en la mayoría de los casos con horarios más relajados, por lo que es la situación ideal para adaptar nuestros hábitos alimentarios a los beneficios culinarios de los que goza nuestro país con las respectivas recomendaciones de la dieta mediterránea.
La adaptación es secilla: utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición, consumir fruta diariamente, verduras, pan y otros alimentos procedentes de los cereales o legumbres; moderar el consumo de carnes rojas y procesadas sustituyéndolas por pescados y huevos; y favorecer el de alimentos frescos.
“Estos hábitos de alimentación deben mantenerse a lo largo del año, y por lo tanto, cuando se habla de alimentación del verano en términos cuantitativos, no debe diferir de la del resto de épocas del año”, establece la doctora Dolores del Olmo, del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Severo Ochoa y miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
Podemos afirmar que la dieta mediterránea se ha mostrado como uno de los patrones de alimentación más saludables en cuanto a la prevención de las enfermedades típicas de nuestro tiempo como la enfermedad cardiovascular, la diabetes y el cáncer.
Los alimentos de temporada son aquellos cultivados respetando su ciclo natural, es decir, aquellos en los que no se han utilizado procesos que aceleren ni fuercen su crecimiento o maduración. “Se sabe que factores como el clima, las condiciones de cultivo, el estado de maduración y el tiempo que el alimento permanece almacenado, puede modificar su composición nutricional. También sus cualidades organolépticas, es decir, su textura, apariencia y sabor, son mucho mejores”, comenta esta experta.
Además de ser más saludables, los alimentos de temporada también suelen ser más económicos. En definitiva, es un hecho que nuestra alimentación, desde el punto de vista cualitativo, cambia durante el verano. “Tomar las verduras crudas, por ejemplo, es la mejor forma de aprovechar todas sus vitaminas y minerales. Una de las dos raciones recomendadas de verduras deberían tomarse en crudo, pero también en invierno. Otras técnicas culinarias como la plancha y el asado permiten utilizar menos grasas y salsas, permitiendo reducir el aporte calórico de los platos proteicos”.
Y es que según la doctora del Olmo, el calor suele asociarse a la ingesta de alimentos menos calóricos, y preparaciones culinarias más sencillas, por lo que esta forma de cocinar se asocia además a beneficios nutritivos.
Via consalud.es
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